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92 años de Reforma Universitaria

  • A 92 años de la Reforma Universitaria tenemos la responsabilidad de rediscutir continuamente qué tipo de Universidad pretendemos construir. Caeríamos en un dogmatismo estéril si solamente nos quedamos con la fotografía de los universitarios copando la cúpula de la Universidad de Córdoba en 1918, ya que es necesario revitalizar aquellos postulados, incorporando en cada ámbito de discusión elementos que nos permitan construir los postulados de la Universidad del mañana.

     

    Es necesario nutrir las casas de estudio de aquellas funciones sustantivas que deben primar en cada unidad académica. No podemos pensar en la vigencia de aquella gesta, sin entender que la Docencia, la Investigación y la Extensión son los pilares sobre los que se deben sentar las bases que permitan romper con los viejos cascarones del oscurantismo academicista.

     

    No podemos pensar en la Universidad que tendrán quienes aún no pisaron estas aulas, estos pasillos, si no asumimos con responsabilidad y compromiso los espacios de participación y de decisión donde nos encontramos los distintos actores universitarios; tampoco podemos hacerlo si no reivindicamos y defendemos la Autonomía de la Universidad que tanto intentan cooptar con distintas leyes de educación.

     

    Debemos seguir formándonos como profesionales, pero también como ciudadanos críticos y activos, debemos dar las discusiones que permitan garantizar una Universidad Pública, laica, cogobernada, con excelencia académica y extensionista.

     

    A fin de cuentas, son muchas las transformaciones y los esfuerzos que se deben reunir. Para ello, se necesita al igual que en 1918, el compromiso y la voluntad de todos para llevarlos adelante. A ese compromiso y a esa voluntad, los estudiantes les decimos presente porque entendemos que se trata de un desafío impostergable de la sociedad argentina en su conjunto. Es nuestro mejor homenaje para con los reformistas del 18, es nuestro mayor desafío en esta hora que nos toca vivir.

     

    Cómo invocaba el Manifiesto del 18, cómo lo dicta nuestra conciencia: “Los dolores que quedan, son las libertades que faltan”.